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La Coctelera
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Adeus, espacioblog.com

Creo que este será mi último post aquí. Me parece que me adscribo a Wordpress...

Así sin más razón voy a tratar otros horizontes. "No eres tú, soy yo"....
Aquí va el enlace: http://loqueras.wordpress.com/
Gracias por le lectura... que no cese!

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Oda II a la Monroe

Descubrí en elpais.com que aún queda jugo para exprimirle a Marilyn Monroe. Y es que Christie's, la famosa casa de subasta, venderá este mes más de 100 fotos de la controvertida Norma Jeane Mortenson. Dichas estampas muestran la transición de su carrera; desde sus inicios "hasta su época de mayor éxito en Hollywood", según lo indicó la versión digital del periódico español.

La Monroe en los "sets" de sus peliculas, la rubia en cuestión sonriendo pícaramente,"juguetona, sexy, inocente, insegura y angustiada", sostuvo el medio. Si el lector se cuestiona la importancia de la subasta y a la vez del post, le indico que estoy casi segura de que esta banalísima noticia (acompañada con el banalísimo acontecimiento social) provocará una buena literatura.
 Y es que espero que desde su arresto domiciliario el nicaraguense Ernesto Cardenal escriba el tomo dos de su Oda a Marilyn Monroe. Ansío que el autor de "Al perderte yo a ti" traiga consigo más 'epigramas' y secuelas. Probablemente así se le otorgue al religioso un rincón mediático de cobertura, aunque fuese al lado de un aviso de subasta neoyorquina. 

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Qué mucho pica

No es que tenga, es que existe un picazón. Digamos, un buen comezón que está ahí, que incomoda que conoce su identidad de estorbo y no se va. Este salpullido es algo intermitente, bueno, es esporádico, feo y me causa desazón.

Y, qué hago, entonces? Ya redondeé un cúmulo de posibilidades. Se las muestro:
1-Aplicarme una posión anti-rash
2- Rascarme hasta que lo mate
3- No hacerle caso
4- Amputarme la pierna
5- Irme del país (cualquier excusa pa' viajar es buena)
6- Dejar de odiar a la maldita picazón
7- Vivir con ello y detestarlo toda la vida (Lo positivo es que me inspira a escribir... por lo menos)
Al igual que la Isla, con relación a este tema estoy en un proceso de transición. Sin embargo, no se deje engañar querido lector, la piquiña ésta tiene cara e identidad corpórea... Es más se transmuta y es mucha gente a la vez. Mucha cosa mala junta, que mira y que mira y se aparece en to's la'os. A veces es una profesora maldita y otras veces un infeliz pendiente al biftec ajeno.
Mientras alcanzo el desrrascarme y la paz, le voy a dejar una cancioncita para las erupciones que tengo y seguramente las que causo.

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Un favorcito

Estoy pensando seriamente en la deportación. La Isla no me quiere. Me lo ha dicho en numerosas ocasiones, me lo comentó Río Piedras, me lo confirmó el trabajo, me lo re-explicó la bruja de Siglo de Oro. 

Ante un cuadro tan patético de bicicletas mal pagadas, de exámenes en jeringonza y traspapeleos a mitad, me he sumido en otro idioma pa' ver si se hace más beneplacito la posibilidad de un lugar ajeno. Esperando a ver si alguien en portugués, preferiblemente Carlinhos, Marisa o Arnaldo, me canta y me recibe "lá de longe".
Os Tribalistas - Passe em casa

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Where is this love i can t see it i can t touch it i can t

Where is this love? I can't see it, I can't touch it. I can't feel it. I can hear it. I can hear some words, but I can't do anything with your easy words.

-Closer (2004)

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Crónica de un bicicleteo un tanto inadecuado

(Originalmente publicado en la revista "La Polis")

Al peatón que el tren no le queda a pasos o al que no le convenga las nuevas rutas del transporte colectivo (aún pensando en lo gratuito de la AMA) quizás debería plantearse la posibilidad de adquirir una bicicleta.

El vehículo que es, según lo define la Real Academia Española de la Lengua, de dos ruedas de igual tamaño cuyos pedales transmiten el movimiento a la rueda trasera por medio de dos piñones y una cadena, se ha convertido en todo un acontecimiento local.

Escuchaba decir a una recién llegada de uno de los Países Bajos, que había comprado allá su bicicleta durante las temporadas de especial. Y era la Policía quién vendía a precios más bajos aquéllas que hubieran sido confiscadas. Mi historia es un tanto (bastante) menos romántica. Este periplo comenzó con un profundo análisis. “La gasolina está cara, no tengo carro legítimamente propio, las guaguas públicas son vacilantes....”, fueron los argumentos más determinantes.

Así que en una tienda al por mayor, que yace asimismo multiplicada en la Isla, facturé mi compra. Después que uno pasa los ocho años y si no nos lucen los atavíos en "lycra" neón, las bicicletas se nos hacen un poco "passé". Digo, hasta el presente que asfixia’os en motores, deudas y tapón, es una alternativa bastante aceptada.

Ahora sólo necesitaría trazar una ruta menos laberíntica para llegar (y claro regresar) hasta mi punto de origen. Susana, o como llamé a mi nuevo vehículo bípedo púrpura, me llevaría, por ahora, a Río Piedras y de vuelta. Pero… ¿cómo lo hago?

Sin necesidad de escudriñar mucho me percaté de unos inconvenientes: la AMA no aborda bicicletas, la "pisicorre" menos, y luego de sacar el carnet de ciclista del Tren Urbano, se me ocurre que ninguna estación me queda muy asequible. Bueno, por lo menos la Ley de Vehículos y Tránsito enuncia que hay que educar a los conductores de vehículos o vehículos de motor sobre la obligación de compartir la vía pública con los ciclistas”. Qué alivio.

Aún pensando en las desventajas de que la bicicleta no tuviera un carril exclusivo (aunque se le destine el derecho), no cupiera en las aceras y entorpeciera al transeúnte estaba determinada a pedalear a Susana. Decidí y pude hacerlo, no para divertirme…Esto era serio digno de una crónica.

Allá en Río Piedras el sol es un poco más incandescente, las bocinas no sobran, los “muévetes” tampoco. Y entre el marullo de gente sabatina y el “pobre nena y que corriendo bicicleta con este calor”, o los piropos a destiempo se me ocurrió pensar que lo logré. Que pude penetrar un espacio urbano (no residiendo en él) montada en un vehículo no motorizado, aunque con miedo al ‘tumbe’ de mi nuevo carro. Sudando en la Ponce de León, estorbando la salida y entrada a las librerías, zigzagueando por la plaza y en la De Diego…. Al medio día.

“Tú lo que estás es 'chulenado' con la bici”, me dijo un pana (éste sí ciclista) al que me encontré. “Bajar no es el problema a ver cómo regresas a Cupey (donde moro) con eso”, insistió. Pero no fue tan difícil… procuré montar debidamente la bicicleta en la guagua y regresar a mi destino.


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Para abuela Carmín

Para caminar a pie, minha avó, abrió su boca y dando arqueadas se fue.
Su pecho, que aborreció la diástole, cesó, finiquitó, culminó y cayeron los párpados.
No hubo manos, ni gritos, ni vecinos alertas que pudieran tropezarlo.

Ella, según la práctica, respondió feliz a su nombre.

Luego se reunirían frente a la cama fiel de los pies altos.
Quizás para conmemorar las rodillas penitentes o para maldecir el mal del olvido.

Y la vieron así, ya fría vestida de rosa, de esa nueva bata rosa.
Y lloraron. Pero antes que el amostazado rostro cobrara un matiz más amarillo se prosiguió a llamar al caro negocio del deceso.

En tanto, el entrisale y la anunciación.
“Que ya está gozando el cielo”, repitieron.
“Que no sufrió”, dijo la mujer del médico.
Se hizo un hexágono de oración frente a avó y se le dio la espalda.
Total, se velaría mañana, pero con la boca cerrada y los espejuelos de siempre.

Y yo aquí estoy avó, más o menos detallándote lo que en mi retraso sobrevino.

Sólo para contarte como había ido todo.
Sólo para decirte, Carmín, que en tu escamoteo del domingo
olvidaste las dos cartas que te hice.

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Recuerdo de amores a media luz (cuento)

Dos parpadeos a medio abrir como toda ella, una mitad sofocada. Buscaba en la casi oscuridad de su cuarto (“ay, tantas veces compartido en la juventud errante”) una aspereza ilusoria para agasajar la vida o simplemente la penumbra.

Entonces decidió desarmar, en la noche aquella, los acertijos de su vera vacía. A veces sentía que su destino (“crueles fueron las Moiras”) de “solterona”, de diestra vacante se debió a que en la pubescencia gastó toda la porción de amor destinado.

No faltó el recuerdo, ahora monocromático, del besillo enjabonado, aquel cariño limpio e infantil que se le desfiló a la hora del recreo. Seguida la aproximada adolescencia y la redondez muy pequeña y relativa de algunas partes de su cuerpo. De la primera lágrima quinceañera, de la traición tan ruidosa como el culebrón nocturno, de las muchas bocas degustadas, de la muchas complacencias, de las demasiadas complacencias… Rió.

Conmemoró, mojándose los labios con su lengua gris, su primera relación, la primerísima piel cercana y transgresora, los años junto a su barba, junto a su espalda ancha… Recordó el hastío de tragar tanto amor a destiempo, pensó que erró en dejarlo ir. Quiso estar sola para ser mujer y no necesitar acompañante. De hecho, estaba muy de moda verse sola y ostentar de mucho “casual sex” en los “late twenties”, aunque éste no fuera su caso.

Decidió obviar la treintena, la cuarentena y la cincuentena de descubrimientos, de múltiples retozos, de las muchas cosas primero condenadas, luego curioseadas y posteriormente gozadas. Detuvo el pensamiento, prefirió soslayar los deleites e insistir en su maldición de infertilidad escogida. Se echó hacia atrás, cubrió sus ojos buscando una lágrima… Insistió en que sólo tuvo amor bueno durante la adolecida adolescencia.

Instó en buscar la muchacha en ella, “será mi apostolado”. Y gruñó por todos los amantes que no tuvo y los que sí. Y le pidió perdón a los que dejó desenganchados, a los que miró en esa instancia con ojos desarrugados. Gritó y condenó su educación jesuita. Levantó a su gato. Juró volver, juró hacerse querer por todos nuevamente. “Lo lograré”, repitió. Soltó carcajadas muy malévolas, pensó la vecina trasnochada. Aplaudió ante su nueva vida comenzada. Pensó en trazar un plan, empezaría desde ya. Pero, mientras iba recordando los atajos y las calles que debía tomar, se quedó (junto a su plan) dormida.