No describimos el mundo que vemos, vemos el mundo que podemos describir.

- René Descartes

Yo escribo sin puntos objetivos, no los quiero, ni hacen falta. Yo escribo con mi yoísmo a flor de piel pa’ creer que me leen o hacer un ridículo con tinta cibernética. A veces también me escondo en las Letras para olvidar los malhumores de las brujas, de todas aquellas personas que me obligan a redactar las 5w y 1h. Pa’ los que me tachan la inspiración con clases de agravios agravados a la potencia número mil. Este blog, este invento bastante recomendado por aquellos que son adictos a la fiebre virtual (Internet), es para que me lea yo y me regresen las esperanzas de vivir con alegría, para no pensar que este mundo está jodío. Con mi alma incorregible que ama lo que odia y odia lo que ama, que se cansa de reirse del colonialismo colonizado. Me gusta enajenarme con realismo mágico, de ese que voy lamiendo todos los días, sí, aquí en mi ínsula hay infantes con rabos de cerdo, hay ángeles burocráticos esperando el día 15. No hace falta Saussure ni Chomsky pa’ aprehender que el habla y la lengua no importan, que los fonemas no respetan ni te acarician en noches frías; la lengua es pa’ besar y el lenguaje para halagar. Aquí se escribe porque no nos queda de otra, en la repartición de intelecto científico y matemático llegué tarde por un fracatán; me asilo en libretas añejadas, con tachones púrpuras… Mi estrategia es enamorarme de todo, para no intentar buscarle la lógica al mundo que carece de ella. Pa’ que el enchule funja de Jesucristo y pueda yo salvar algo, añadiéndole verdor a las hojas secas y sensualidad a las estadísticas. Yo escribo para hacerle cosquillas a los noticieros, pa’ limpiar la sangre que derraman los diarios. Yo escribo porque, aunque lo haga mal, no sé hacer otra cosa; no tengo alma para nada más que eso.