Adultez? Not interested, thank you.
No supe cuándo exactamente “la vida de adultos” se impuso entre mis cejas. Ya se escurría la adolescencia, me retumbaban los reclamos, me dijeron muchas veces que era hora de que dejara mi idealismo, mi ansias de descolonización. Ya, desde los 16, trabajaba para el lujo necesario, para el arroz con habichuelas. Me tiré un amor al hombro, me eché un horario laboral, me impuse un pasatiempo tonto, me preocupé por la figura y la moda y me hice obrera académica. “Estás creciendo, eres casi una mujer”.
Te toca ser y limpiar. Te hace falta rubor en los cachetes. Ay, estás muy flaca. Cuida’o con lo que comes. Cuándo nos casamos. Tienes que buscar 200,000 estadísticas de la mierda humana, según color y género. Te faltan chavos en la ATH. Baña al perro. Nena, ya casi no escribes. Laurie, sigues pichándome los jangueos. Por Dios, coge color. Dios santo, estás muy quemá. Pásate blower. Hazme el amor. Bebe. Hazte un reportaje libre como me salga del forro. Púdrete en una oficina que se la come el hongo. Ponte derecha. Vístete bien. Sonríe, las damas sonríen. Cierra las piernas. Viaja. No fumes. Estudia Derecho. Háblame de la oposición binaria del neoliberalismo con un sidedish de San Francisco, no cualquier San Francisco sino el gayish type. Escucha AM. Fo, cambia AM. Coge el teléfono. Se difícil, cautivadora, inteligente, bonita, elegante, pero pícara y sencilla, aunque con un aire de “yo no sé qué”.
¿Qué es esto? ¿Que la adultez se escribe con normas, con el color y recorte de cabello que debes tener? ¿Que el crecer es disfrazarte, es aprender para olvidar, es estar infeliz porque hiciste lo que pensaste compulsorio (aunque por alguna razón se nos presenta como una solución bien individual), y te reclamas toda tu vida y te malgastas coqueteando con el pasado o contando calorías?
Hasta nuevo aviso, hasta que me salgan años de los bolsillos, hasta que reparta minutos, hasta que deje de ser mujer, hasta que la obligación no me escriba, hasta que tape las ojeras. ¿Hasta cuándo esto? Hasta hoy que no crezco más.
Aqui estoy yo, ejercitando mi juventud. Esa que no se fija por las arrugas sino por las ganas de vivir. (Entiendase vivir por el arte de obviar de vez en vez los acentos, el neoliberalismo, la comemierderia, entre otras posibilidades).




norekeys dijo
Yo no quiero ser grande, yo no quiero.
21 Octubre 2007 | 06:05 PM