El amante gris
"Te quiero a ti, rocas", le decía Leocadia a su marido, mientras éste rehuía devolverle el cariño. Leo, una escritora rosa rosadísima bajo el pseudónimo Amanda Gris, había comenzado a esputar en sus creaciones el desanimo advenido de un matrimonio maltrecho. ¿Suena familiar esta historieta? Bueno, la razón es que le usurpe estos pedacitos a Pedro Almodóvar, que dio vida al mencionado personaje en su pelicula "La flor de mi secreto" (1995). ¿Por qué? Es que se acerca la fecha flechada y vulgar de enamorarse y exhibirlo. No, no con besos o gestos libidinosos sino con globos, osos peludos y rosas rojas... Arribó San Valentín.

Sin ametrallar lo cursi, se me ocurre preguntar... ¿Qué ha pasado con el enamorado gris? Con aquel que se confunde, que se deja y que vuelve, que besa o ama a más de uno/a? Al parecer no hay día festivo para él.
El amante gris, el sordido que ya no tiene el enchule de antes, o que quizás el objeto de su afecto no tiene el enchule de antes con él. Siente el amor, sí, pero con destellos de realidad, de aburrimiento, de dependencia y no quiere celebrar un día de adefesios y tarjetas Hallmarks.
El amante gris no es desempleado, no está del todo vapuleado y no es loco característico de los cascos urbanos. Es un cortejador que está en un brollo de relación híbrida (sin suficiente odio para dejarla, sin suficiente amor como para vivir feliz en ella). No busca otro amor, aunque hay disponibles. Quiere, como Leocadia (ver párrafo 1), aceptar su desventura y aprender a superarla o vivir con ella sin vacilación.
Bueno, para todos aquellos de nosotros que somos amantes coloridos y que estamos "como una vaca sin cencerro"; aquí les dejo con un manifiesto de lo lindo que es ser cínico, sarcástico, aburrido y en fin, gris. Yo propongo celebrar nuestro día también.
¡Qué disfruten! Aquí les dejo a Ana Laan y su tema “Para el dolor”.


