Para abuela Carmín
Para caminar a pie, minha avó, abrió su boca y dando arqueadas se fue.
Su pecho, que aborreció la diástole, cesó, finiquitó, culminó y cayeron los párpados.
No hubo manos, ni gritos, ni vecinos alertas que pudieran tropezarlo.
Ella, según la práctica, respondió feliz a su nombre.
Luego se reunirían frente a la cama fiel de los pies altos.
Quizás para conmemorar las rodillas penitentes o para maldecir el mal del olvido.
Y la vieron así, ya fría vestida de rosa, de esa nueva bata rosa.
Y lloraron. Pero antes que el amostazado rostro cobrara un matiz más amarillo se prosiguió a llamar al caro negocio del deceso.
En tanto, el entrisale y la anunciación.
“Que ya está gozando el cielo”, repitieron.
“Que no sufrió”, dijo la mujer del médico.
Se hizo un hexágono de oración frente a avó y se le dio la espalda.
Total, se velaría mañana, pero con la boca cerrada y los espejuelos de siempre.
Y yo aquí estoy avó, más o menos detallándote lo que en mi retraso sobrevino.
Sólo para contarte como había ido todo.
Sólo para decirte, Carmín, que en tu escamoteo del domingo
olvidaste las dos cartas que te hice.
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josephine-jossy dijo
Bueno, no entendí muy bien, vine por el nombre de tu blog! Un saludo...
29 Agosto 2008 | 05:14 AM